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La leyenda del Joven Huanguelen

Cuentan los viejos abuelos de los mapuches, que sus bisabuelos les contaron, que hace muchas vueltas de la luna en el cielo, había dioses que vivían en las montañas altas que separan el Mapú, la tierra del pehuén (Araucarias) y los campos de pasto, del mar grande donde se baña el sol al venir la noche. Los dioses bajaban algunas veces a ver a la gente mapuche, para mirar sus acciones y corregir lo que estuviera mal. En esos viejos tiempos, hubo un Cacique muy poderoso, muy rico en hacienda, mujeres, caballos y sal. Muchos hombres de lanza obedecían sus mandatos.

Ese Cacique tenía un hijo, hermoso y valiente, cuyo nombre era “Huanguelén” (Wangulén), que significa “estrella” (a las que consideran un tipo de antíguos espíritus mapuche). Desde niño, fue creciendo entrenado en las artes del combate, donde intervenía acompañando las lanzas de su padre, en las luchas por los campos ricos en pastos, más allá del río ancho, contra las tribus vecinas. Las acciones del joven eran las esperadas en todo lo externo, pero dentro, muy adentro de su vasto pecho y en lo recóndito de su corazón ardiente, se alimentaba día tras día, noche tras noche, una pasión.

Huanguelén, que durante el tiempo de la oscuridad solía vagar por los campos cercanos al asentamiento principal de la tribu, descubrió en el cielo a una estrella, un espíritu Wangulén tan hermosa que se enamoró de ella, de su luz, de su alma bellísima. En vano insistía el Cacique en que tomara mujer, que debía generar hijos de su sangre… Huanguelén no confesaba su amor, pero éste se fortalecía con el paso del tiempo: venía la nieve, llegaban las flores, volvía el calor, empezaban las lluvias. El contemplaba cada noche a la tan amada.

Muchos días, consciente de la lejanía inalcanzable de su amor, le rogó al dios Mapuche Antu, que le concediera el amor de su estrella. Al escuchar esta súplica, se apiadó el poderoso dios Pillán, Cacique entre los dioses, que no era demasiado clemente; y dispuesto a concederle el deseo, bajó de las montañas. Pero la Mapu (La Tierra) se opuso, pues lo quería para ella, por su apostura y audacia; así fue que en una lucha, una lanza atravesó el costado de Huanguelén, y la Tierra lo guardó en su seno, apoderándose de su cuerpo. Conmovido, el dios Antu transformó su alma en una nueva estrella, que se levanta al amanecer: “el Lucero del Alba”. Así, dicen los bisabuelos de los abuelos de los mapuches, que Huanguelén, el Lucero del Alba , sigue a su estrella por el cielo cada noche, y al salir el sol, se va, siguiéndola, más allá del mar, muy lejos.

2 comentarios para “La leyenda del Joven Huanguelen”

  • QUE LINDOS RECUERDOS, VIENE AMI MEMORIA AL VER ESTA FOTO DE LA FABRICA ,CUANTA GENTE TRBAJO EN ES LUGAR , MI QUERIDO TIO DON DOMINGO LOMBARD EL FUE UNO DE LOS QUE TRABAJABAN ESTIVANDO BOLSAS DE ESPEL EN LOE VAGONES DEL FERROCARIL ,HOY CUANDO VOY A HUANGUELEN Y VEO LA FABRICA ME CAUSA MUCHA PENA VER ESTA FABRICA EN RUINAS , YA NO ESTAN LAS LARGAS COLAS DE CAMIONES PARA DESCARGAR EL GIRASOL ,VERDAD ME CAUSA MUCHA TRISTEZA , LOS SALUDA MUY ATENTAMENTA SEÑORA ELISA M DE OLAVARRIA DESDE FLORENCIO VARELA

  • flavio:

    que lindo pueblo como todos con su cultura y su forma de ser.dios puso su vista como en todas partes,para darle una estrella aca en la tierra a jose larralde,

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